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Así se crea una ‘supercontraseña’

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La seguridad en nuestra vida digital se ha vuelto tan importante como en la vida real. Al salir de casa procuramos cerrar la puerta con llave o, cuando realizamos compras con tarjeta, tomamos ciertas precauciones para que nuestras contraseñas no acaben en manos de extraños. El mismo nivel de precaución, sino más, se traslada al ciberespacio, un lugar con métodos más sofisticado para descubrir las debilidades de nuestros sistemas de seguridad.

Tener la certeza de navegar por entornos seguros y saber que usamos dispositivos bien protegidos nos aporta tranquilidad a la hora de utilizar los servicios que ofrece la red, aunque uno de los principales recursos de seguridad con los que contamos —aunque no lo sepamos— son las claves o contraseñas.

¿Cómo se crea una ‘supercontraseña’?

Lo más importante, más incluso que las letras que se usen para crearla, es la longitud de la misma. Una clave de seguridad robusta tiene, por lo menos, 8 caracteres de longitud, aunque los expertos en seguridad informática recomiendan passwords’ de 10 ó 12 caracteres.

Hay que tener en cuenta que sumar más caracteres a tu clave (de 8 a 10, por ejemplo) puede aumentar el “hipotético tiempo de descifrado” de unos pocos meses hasta varios siglos, según puedes comprobar en esta aplicación de Kaspersky, empresa especializada en seguridad, que te muestra lo inquebrantable que es el tipo de contraseña que usas.

Eso sí, la longitud no lo es todo. Para que una contraseña sea robusta, conviene utilizar una combinación de mayúsculas, minúsculas, números y caracteres especiales (#, %, &, $, etc.) y nunca utilizar el nombre de usuario o cualquier otra información fácil de averiguar (cumpleaños, fechas, palabras completas, letras o números adyacentes, etc.).

Hagamos una prueba simple. Creamos esta combinación: gW1l1BrD, y según la aplicación mencionada se tardaría 2 años en vulnerar. Por otro lado, si añadimos algunos caracteres especiales: g$W1l1Br%D, el tiempo para ‘hackearla’ aumenta hasta los 1731 siglos.

El mayor inconveniente en este tipo de claves es la dificultad para memorizarlas. Esto se puede solucionar utilizando técnicas nmotécnicas: busca una frase cotidiana que recuerdes fácilmente y usa la primera letra de cada palabra intercalando mayúsculas, números y símbolos. Por ejemplo: “Mi casa está en Madrid” puede convertirse en m$c#e+e/M

Otras recomendaciones de seguridad pasan por usar claves diferenciadas (una contraseña diferente en cada web) y modificarlas regularmente. Por supuesto, tampoco conviene almacenarlas en lugares de fácil acceso (un documento Word o similar, y menos sin encriptarlo) ni compartirlas vía mail y teléfono. Por último, el almacenamiento ‘analógico’ -apuntarlo en una libreta a buen recaudo- siempre es útil para evitar perder el acceso a alguna cuenta de correo o web.

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