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Cuando lo “Smart” es “ser Smart” (I.Parte)

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Joseba Bilbao, Responsable de Mercado y Grandes Cuentas en LKS, reflexiona sobre el concepto “Smart” en diferentes ámbitos en un artículo publicado en el monográfico de APD.

 

Lo Smart está de moda. Es cool. Está en todos los discursos de ciudad. Sesiones, congresos, cursos de formación, jornadas… Podemos encontrar cientos de resultados si hacemos una búsqueda del concepto Smart y, sobre todo, si hablamos de “Smart City”.

Ideas como aquella de que el variable pero enorme x% de la población en x años se concentrará en las ciudades, se repite en todas las búsquedas. La necesidad de la eficiencia energética y la sostenibilidad de las ciudades, también. Y aparecen conceptos que todos acuñamos pero que realmente no tantos comprenden, como Big Data, Internet de las cosas –IoT–, la nube… acompañados de otros más tradicionales como “servicio”, “movilidad”, “georreferenciación”, multidispositivo. Todo ello referido a “datos”, a “información” que es posible convertir en “inteligencia” para la toma de decisiones, e incluso para generar automatismos recurrentes entre sistemas y “cosas”. Pero es, desde mi punto de vista, un discurso que es preciso aterrizar. Las áreas de responsabilidad de “lo público”, sus competencias, no han cambiado. Lo que ha cambiado tiene que ver más con las necesidades y demandas de la ciudadanía, cada vez más habituada a la tecnología –no olvidar la nueva cultura de los nativos digitales– y, fundamentalmente, con las posibilidades que las propias tecnologías ofrecen, impensables no hace demasiados años. Tras el concepto Smart, necesariamente tenemos que hablar de toma de decisiones, de gestión –pública incluso–, pero en realidad, en todo momento ponemos el foco en la tecnología y en los enormes avances que esta ha logrado y las posibilidades que tiene. La pregunta, sin embargo, no debe ser qué puede hacer la tecnología, sino qué puede hacer mi organización, “mi” Ayuntamiento, si se quiere, con la tecnología. O mejor, ¿qué puede hacer “mi” ciudad –ciudadanas y ciudadanos, empresas, comercios, emprendedoras, jubilados, parados, estudiantes, Administración…– con esa tecnología?

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Volvamos a las propuestas conceptuales

Toda ciudad que se precie tiene que acuñar el concepto “Smart City” pero, ¿estamos hablando de lo mismo aplicado a Bilbao, Barcelona, o Valencia, que aplicado a Cádiz, Getxo o Figueras? Todo apunta a que no. Y claramente no es problema de la tecnología (no hay una tecnología solo aplicable en ciudades mayores de 400.000 habitantes, por ejemplo) sino, cuando menos, de recursos económicos y economías de escala, de problemáticas y de realidad. Como alternativa hemos acuñado otros conceptos como el de “Smart Region” o “Smart Territory”. Pero incluso estos tienen necesariamente otro contenido diferente porque… ¿quién es el actor responsable de poner en marcha una “Smart Region”? ¿Desde qué competencias? ¿Con qué contenidos? ¿Sobre una realidad de comarcas, pueblos y ciudadanía cómo de homogénea o diversa? Por suerte, el concepto Smart es posible segmentarlo en diferentes ámbitos. Desde hace años son varias las clasificaciones que diversas fuentes realizan, y a efectos del presente artículo consideraremos válida la planteada en 2007 a nivel europeo:

  • Smart Environment, referido al medioambiente, sostenibilidad y eficiencia energética.
  • Smart Mobility, referido al transporte y la movilidad.
  • Smart Gobernance, referido a la e-Administración, Gobierno Abierto, etc.
  • Smart Economy, referido a la innovación, el emprendimiento, la productividad.
  • Smart People, referido a la sociedad, la integración, la resiliencia y la educación.
  • Smart Living, referido a la calidad de vida, la cultura, la salud, la seguridad, etc.

 

Esta segmentación puede servir para tranquilizar a muchos gobernantes y responsables públicos de nuestras ciudades y regiones. Quien más quien menos puede considerarse “Smart” porque cuenta con sistemas de iluminación led y sensores; o transporte público a gas o eléctrico; o sistemas de calefacción y refrigeración de edificios públicos eficientes; o programas de ayuda para el emprendimiento; o servicios online; o datos abiertos en la web de la Administración; o actividad cultural en la ciudad y las calles limpias y seguras. Pero, ¿realmente estamos hablando de esto? ¿Son estas las posibilidades de la tecnología a las que nos referimos? ¿Es esto “solo” convertir la información en una herramienta de gestión? Claramente no.

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