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Obstáculos legales a la innovación en España

¿Qué es la innovación? Según la RAE es la creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado. Posiblemente a esta definición le faltaría la palabra servicio. Y esto es lo que empresas innovadoras como Blablacar o Airbnb han hecho. Ofrecen de otra manera servicios que ya existían, como alojamiento para turistas o vehículos compartidos. Estas empresas se engloban dentro de las start ups, porque son de “reciente creación” y se basan en el uso de la tecnología. En España existen alrededor de 1500 start up.

Sin embargo, este tipo de empresas chocan con el modelo económico establecido y casi todas son llevadas a juicio. Precisamente, la patronal de autobuses Confebús denunció a Blablacar por competencia desleal. Desde la red social se defendieron asegurando que en Blablacar “los conductores que realizan un determinado trayecto con asientos libres no ofertan un sistema de transporte, sino que desean ahorrar costes de un viaje que realizarían de todos modos, compartiendo gastos con los pasajeros (…) no existe ánimo de lucro por parte de los usuarios”. De los 19 países donde opera Blablacar esta era la primera demanda que habían recibido y están a la espera de lo que dicte el juez.

El portal Airbnb no fue llevado a juicio pero sí multado por el Gobierno de Cataluña con 30.000 euros. La demanda se basaba en que las casas que se ofertaban para alojar a turistas no estaban inscritas en el Registro de Turismo de Cataluña. Solucionado este tema el portal sigue operando con normalidad. Pero no todas han tenido la misma suerte, algunas han dejado de operar en España por sentencias judiciales desfavorables.

Nuevas legislaciones para nuevos modelos de negocio

Cuando se habla de fomento de la innovación se apela a la I+D+i, a la necesidad de una mayor financiación y a una mejor formación, pero pocas veces se repara en el marco jurídico de un país. En España, la legislación ha tenido que ser modificada en muchos puntos para permitir estos nuevos modelos de negocio. De hecho, en 2015 se reguló el crowfunding (financiación participativa o en masa). Gracias a la nueva Ley de Fomento de la financiación empresarial plataformas como Kickstarter han podido instalarse en España.

Pero las start ups que se basan en la economía colaborativa todavía crean suspicacias. El problema de esta desconfianza radica en la fiscalidad de estas.  Las empresas basadas en modelos tradicionales les reprochan que no paguen impuestos, por eso les acusan de competencia desleal. Así que el reto es establecer parámetros fiscales para estas empresas y nuevos marcos jurídicos con los que poder innovar con empresas centradas en un modelo económico diferente al que estamos acostumbrados. Solo así estarán en igualdad de condiciones, sin que ninguna juegue con ventaja sobre otra.

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La economía colaborativa también da beneficios económicos

Existe la creencia de que la economía colaborativa es un modelo económico basado en el trueque, sin embargo, esto ya no es así. Lo que empezó como un sistema de intercambio, en la actualidad se basa en un modelo sostenible de negocio, donde se prima la optimización de recursos y su valor social. Todavía está en desarrollo, pero en los lugares donde se ha puesto en marcha ha dado buenos resultados sociales y económicos.

Precisamente en la capital de Corea del Sur su alcalde quiso cambiar el funcionamiento de la economía de la ciudad y en 2012 creó el proyecto “Seúl: la ciudad que comparte”. Este ha ayudado a crear medio centenar de empresas que ya han generado 150.000 euros en beneficios. Gracias a la economía colaborativa han combatido problemas como el tráfico, los suicidios, la contaminación o los elevados precios de las viviendas.

Empresas que buscan la transformación social

El modelo de negocio de algunas de estas empresas se basa en el aprovechamiento de recursos. Actualmente los muebles se retiran de los hogares por no estar de moda, no por estar rotos. Una empresa surcoreana recicla los muebles, y los convierte en otros más funcionales y que además son desmontables; otra está centrada en la compra-venta de ropa de niños, puesto que estos crecen muy rápido y dejan la ropa casi nueva.

También las hay para compartir coche, pero pagando. El usuario tiene a su disposición 1.500 vehículos distribuidos en parkings de la ciudad y los puede localizar y utilizar a través del Smartphone. Se paga por tramos y debe de ser un viaje de ida y vuelta. Este sistema prioriza el uso frente a la propiedad.

Pero este programa también deja espacio para empresas sin ánimo de lucro. El alquiler de trajes por Internet o en la tienda es el objetivo de una de ellas. Hay personas que solo utilizan el traje para ir a una boda o a una entrevista de trabajo, así que para qué comprar uno. Además, el traje viene con la historia del antiguo propietario.

Con el objetivo de paliar el problema de los altos precios de la vivienda y la soledad de las personas mayores también han creado una plataforma donde se alquilan habitaciones a  precios muy económicos, en pisos donde viven personas que necesitan compañía. Una iniciativa que ha tenido mucho éxito.

Cómo poner en marcha la economía colaborativa

En la capital de Corea del Sur las nuevas tecnologías han sido importantes para crear este tipo de empresas. La penetración de los Smartphone, una de las mayores a nivel mundial, ha facilitado la puesta en marcha de los distintos servicios. Pero además, las empresas han podido acceder a créditos blandos y a otros incentivos que les ha concedido el ayuntamiento tras cumplir las condiciones exigidas, como ser pyme, tener un valor social y buscar el aprovechamiento de recursos, entre otros requisitos.

Por ello, para poner en marcha este tipo de modelo económico es necesario cambiar algunas leyes y tratar de priorizar el bien social, además de solucionar el problema de la fiscalidad de estas empresas y de que las aseguradoras dispongan de nuevas modalidades que cubran este tipo de servicios. Un recorrido largo pero que como en el caso de Seúl, tiene buenas perspectivas.

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