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¿Qué condiciones hay que cumplir para ser una smart city?

Una smart city no puede conseguirse a corto plazo, y ni siquiera es un objetivo en sí mismo, esto último no nos cansaremos de repetirlo. Lo que sí se debe tratar de hacer es utilizar la innovación para mejorar la eficiencia y la sostenibilidad de los servicios que ofrece la ciudad, así como fomentar la comunicación desde los gobiernos con el objetivo de que la ciudadanía y las empresas se impliquen en los proyectos. Solo así se conseguirán ciudades inteligentes.

Pero para saber si una ciudad es smart es necesario valorar todos estos preceptos: gobernanza, gestión pública, planificación urbana, tecnología, medio ambiente, proyección internacional, cohesión social, movilidad y transporte, capital humano, y economía. Sin embargo, las ciudades no pueden hacer frente a su totalidad, por ello, deben de centrarse en algunos de los citados y tratar de mejorarlos.

¿Qué es el capital humano?

Para entenderlo mejor hablaremos de uno de ellos: el capital humano. A la hora de valorar este precepto se tienen en cuenta los siguientes aspectos: La proporción de población con educación secundaria y superior, el número de universidades, el movimiento internacional de estudiantes de nivel superior, el número de escuelas de negocio, el número de galerías de arte por cada 100.000 habitantes, así como los gastos en ocio. En consecuencia, si queremos conseguir una ciudad smart ya sabemos en qué debemos trabajar respecto al capital humano.

Ranking de smart cities

Ahora veamos en qué han trabajado algunas de las ciudades smart incluidas en el Indice Cities in Motion (ICIM), elaborado por la escuela de negocios IESE, en el que han participado 135 urbes de 55 países: Madrid destaca por el uso del transporte público, siendo éste de un 40%, Sevilla por su planificación urbana, y Valencia es la urbe con mayor cohesión social. Esto significa que en Valencia han trabajado para que descienda el índice de criminalidad y la tasa de desempleo, así como para mejorar la sanidad o la igualdad, entre otras áreas.

Pero existen otras ciudades con mejor posición. Este es el caso de Seúl, que ocupa el noveno puesto del ICIM, pero que desciende hasta el 71 en cuanto a la valoración de sus ciudadanos, algo que también le ocurre a Florencia. Esto quiere decir que el gobierno debe trabajar para mejorar la comunicación con la ciudadanía.

Tokio, sin embargo, ha debido de hacer bien esta labor porque encabeza el  ICIM. Suiza también ha obtenido muy buenos resultados puesto que tres de sus ciudades están dentro del top ten. En España, Barcelona es la ciudad con mejor progresión, tras pasar del puesto 63 al 51 en tan solo dos años.

Si quieres más información sobre smart cities o hacernos llegar alguna sugerencia o comentario no dudes en escribirnos aquí.

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Cuando lo “Smart” es “ser Smart” (I.Parte)

Joseba Bilbao, Responsable de Mercado y Grandes Cuentas en LKS, reflexiona sobre el concepto “Smart” en diferentes ámbitos en un artículo publicado en el monográfico de APD.

 

Lo Smart está de moda. Es cool. Está en todos los discursos de ciudad. Sesiones, congresos, cursos de formación, jornadas… Podemos encontrar cientos de resultados si hacemos una búsqueda del concepto Smart y, sobre todo, si hablamos de “Smart City”.

Ideas como aquella de que el variable pero enorme x% de la población en x años se concentrará en las ciudades, se repite en todas las búsquedas. La necesidad de la eficiencia energética y la sostenibilidad de las ciudades, también. Y aparecen conceptos que todos acuñamos pero que realmente no tantos comprenden, como Big Data, Internet de las cosas –IoT–, la nube… acompañados de otros más tradicionales como “servicio”, “movilidad”, “georreferenciación”, multidispositivo. Todo ello referido a “datos”, a “información” que es posible convertir en “inteligencia” para la toma de decisiones, e incluso para generar automatismos recurrentes entre sistemas y “cosas”. Pero es, desde mi punto de vista, un discurso que es preciso aterrizar. Las áreas de responsabilidad de “lo público”, sus competencias, no han cambiado. Lo que ha cambiado tiene que ver más con las necesidades y demandas de la ciudadanía, cada vez más habituada a la tecnología –no olvidar la nueva cultura de los nativos digitales– y, fundamentalmente, con las posibilidades que las propias tecnologías ofrecen, impensables no hace demasiados años. Tras el concepto Smart, necesariamente tenemos que hablar de toma de decisiones, de gestión –pública incluso–, pero en realidad, en todo momento ponemos el foco en la tecnología y en los enormes avances que esta ha logrado y las posibilidades que tiene. La pregunta, sin embargo, no debe ser qué puede hacer la tecnología, sino qué puede hacer mi organización, “mi” Ayuntamiento, si se quiere, con la tecnología. O mejor, ¿qué puede hacer “mi” ciudad –ciudadanas y ciudadanos, empresas, comercios, emprendedoras, jubilados, parados, estudiantes, Administración…– con esa tecnología?

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Volvamos a las propuestas conceptuales

Toda ciudad que se precie tiene que acuñar el concepto “Smart City” pero, ¿estamos hablando de lo mismo aplicado a Bilbao, Barcelona, o Valencia, que aplicado a Cádiz, Getxo o Figueras? Todo apunta a que no. Y claramente no es problema de la tecnología (no hay una tecnología solo aplicable en ciudades mayores de 400.000 habitantes, por ejemplo) sino, cuando menos, de recursos económicos y economías de escala, de problemáticas y de realidad. Como alternativa hemos acuñado otros conceptos como el de “Smart Region” o “Smart Territory”. Pero incluso estos tienen necesariamente otro contenido diferente porque… ¿quién es el actor responsable de poner en marcha una “Smart Region”? ¿Desde qué competencias? ¿Con qué contenidos? ¿Sobre una realidad de comarcas, pueblos y ciudadanía cómo de homogénea o diversa? Por suerte, el concepto Smart es posible segmentarlo en diferentes ámbitos. Desde hace años son varias las clasificaciones que diversas fuentes realizan, y a efectos del presente artículo consideraremos válida la planteada en 2007 a nivel europeo:

  • Smart Environment, referido al medioambiente, sostenibilidad y eficiencia energética.
  • Smart Mobility, referido al transporte y la movilidad.
  • Smart Gobernance, referido a la e-Administración, Gobierno Abierto, etc.
  • Smart Economy, referido a la innovación, el emprendimiento, la productividad.
  • Smart People, referido a la sociedad, la integración, la resiliencia y la educación.
  • Smart Living, referido a la calidad de vida, la cultura, la salud, la seguridad, etc.

 

Esta segmentación puede servir para tranquilizar a muchos gobernantes y responsables públicos de nuestras ciudades y regiones. Quien más quien menos puede considerarse “Smart” porque cuenta con sistemas de iluminación led y sensores; o transporte público a gas o eléctrico; o sistemas de calefacción y refrigeración de edificios públicos eficientes; o programas de ayuda para el emprendimiento; o servicios online; o datos abiertos en la web de la Administración; o actividad cultural en la ciudad y las calles limpias y seguras. Pero, ¿realmente estamos hablando de esto? ¿Son estas las posibilidades de la tecnología a las que nos referimos? ¿Es esto “solo” convertir la información en una herramienta de gestión? Claramente no.

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