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XXII Congreso CIDEU: ¡Último día para inscribirse!

¿Quieres conocer los grandes desafíos a los que se enfrentan las ciudades del siglo XXI? Date prisa porque hoy concluye el plazo de inscripción para este congreso internacional que se celebrará por primera vez en Donostia – San Sebastián los días 16 al 18 de marzo.

El XXII Congreso internacional de la red CIDEU (Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano) es un espacio de dialogo para el intercambio del conocimiento que reunirá a líderes, alcaldes y alcaldesas, técnicos y técnicas del ayuntamiento y personas expertas en planificación estratégica urbana para afrontar los grandes retos que deparan a las ciudades en este siglo.

En el marco del XXII Congreso se propone un itinerario que parte de la identificación de cuatro ámbitos o desafíos en los que se encuadran las grandes problemáticas de futuro en las ciudades:

  1. Sociedad Cohesionada. Ciudad a Escala Humana.
  2. Medio Ambiente y Cambio Climático. Ciudad Cero Carbono.
  3. Estrategias de Desarrollo Económico Urbano. La Ciudad como Catalizador.
  4. Hacia un Nuevo Modelo de Cooperación.

 

Si quieres conocer más sobre este interesante seminario, puedes descargarte el programa completo  aquí.

Para confirmar tu participación, puedes realizar la inscripción en el congreso, pinchando aquí.  Te recordamos que el plazo finaliza hoy a lo largo del día.

¡Te esperamos!

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Aumenta la inversión en servicios de movilidad inteligente para las smart cities

Cada vez más ciudades están aplicando el modelo de las smart cities, es decir, están trabajando en diferentes ámbitos de actuación -medio ambiente, gobernanza, transporte…-, para conseguir ciudades más sostenibles y que ayuden a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. La movilidad inteligente es uno de dichos ámbitos, y está teniendo un gran desarrollo en las ciudades. De hecho, según la consultora Navigant Research, en 2024 este mercado superará los 25.000 millones de dólares.

Las ciudades hoy en día se están moviendo hacia un modelo de movilidad a la carta, en la que los ciudadanos pueden beneficiarse de las diversas opciones de transporte que respondan a sus necesidades inmediatas. ¿Pero qué se está haciendo en relación a la movilidad inteligente para conseguir este modelo?

Movilidad a la carta

A nivel de las administraciones, además de invertir en soluciones que sean menos contaminantes, como un transporte público a gas o eléctrico; las ciudades, en colaboración con diversas empresas, están desarrollando una plataforma de servicios donde se incluyan semáforos, cámaras, transporte, gestión de flotas, servicios y datos medioambientales, sistemas informáticos de empresa, movilidad y emergencias de seguridad, para poder ofrecer opciones eficientes de movilidad a la ciudadanía.

Pongamos un ejemplo de cómo mejora esta al aplicar parte de esta tecnología: algunas ciudades disponen de sistemas centralizados de Control de Tráfico que permite regular en tiempo real los semáforos para adecuarlos a las condiciones del tráfico. De esta manera se evita que se generen colas en unas vías mientras en otras, sobra tiempo. Esto es posible gracias a que se ha invertido en la instalación de detectores en los carriles de circulación y a las imágenes del circuito cerrado de televisión.

Empresas que invierten en movilidad inteligente

Respecto al ámbito privado, diversas empresas están creando aplicaciones y modelos de negocio entorno a la movilidad inteligente. El carsharing o las aplicaciones para compartir el viaje, son una muestra de ello, aunque todavía es necesario adoptar una nueva legislación para que estos modelos puedan crecer.

Precisamente en el artículo “La economía colaborativa también da beneficios económicos”, ya citamos empresas que se basan en la movilidad inteligente. En Seúl, capital de Corea del Sur, existe una compañía que permite compartir coche. El usuario tiene a su disposición 1.500 vehículos distribuidos en parkings de la ciudad y los puede localizar y utilizar a través del Smartphone. Se paga por tramos y debe de ser un viaje de ida y vuelta.

La penetración de los teléfonos inteligentes ha permitido el desarrollo de esta solución de movilidad, pero también pone al alcance de la ciudadanía multitud de datos que bien gestionados harán que sea más fácil transitar por las ciudades.

De hecho, invertir en movilidad inteligente permitirá a las ciudades un gran ahorro, puesto que según el estudio “Connected Mobility 2025” elaborado por Roland Berger Strategy Consultants, los problemas de tráfico en las 30 ciudades más grandes del mundo cuestan más 200.000 millones de euros al año. Un problema que las ciudades que apuestan por el modelo “smart” ya tratan de solucionar.

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Cuando lo “Smart” es “ser Smart” (I.Parte)

Joseba Bilbao, Responsable de Mercado y Grandes Cuentas en LKS, reflexiona sobre el concepto “Smart” en diferentes ámbitos en un artículo publicado en el monográfico de APD.

 

Lo Smart está de moda. Es cool. Está en todos los discursos de ciudad. Sesiones, congresos, cursos de formación, jornadas… Podemos encontrar cientos de resultados si hacemos una búsqueda del concepto Smart y, sobre todo, si hablamos de “Smart City”.

Ideas como aquella de que el variable pero enorme x% de la población en x años se concentrará en las ciudades, se repite en todas las búsquedas. La necesidad de la eficiencia energética y la sostenibilidad de las ciudades, también. Y aparecen conceptos que todos acuñamos pero que realmente no tantos comprenden, como Big Data, Internet de las cosas –IoT–, la nube… acompañados de otros más tradicionales como “servicio”, “movilidad”, “georreferenciación”, multidispositivo. Todo ello referido a “datos”, a “información” que es posible convertir en “inteligencia” para la toma de decisiones, e incluso para generar automatismos recurrentes entre sistemas y “cosas”. Pero es, desde mi punto de vista, un discurso que es preciso aterrizar. Las áreas de responsabilidad de “lo público”, sus competencias, no han cambiado. Lo que ha cambiado tiene que ver más con las necesidades y demandas de la ciudadanía, cada vez más habituada a la tecnología –no olvidar la nueva cultura de los nativos digitales– y, fundamentalmente, con las posibilidades que las propias tecnologías ofrecen, impensables no hace demasiados años. Tras el concepto Smart, necesariamente tenemos que hablar de toma de decisiones, de gestión –pública incluso–, pero en realidad, en todo momento ponemos el foco en la tecnología y en los enormes avances que esta ha logrado y las posibilidades que tiene. La pregunta, sin embargo, no debe ser qué puede hacer la tecnología, sino qué puede hacer mi organización, “mi” Ayuntamiento, si se quiere, con la tecnología. O mejor, ¿qué puede hacer “mi” ciudad –ciudadanas y ciudadanos, empresas, comercios, emprendedoras, jubilados, parados, estudiantes, Administración…– con esa tecnología?

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Volvamos a las propuestas conceptuales

Toda ciudad que se precie tiene que acuñar el concepto “Smart City” pero, ¿estamos hablando de lo mismo aplicado a Bilbao, Barcelona, o Valencia, que aplicado a Cádiz, Getxo o Figueras? Todo apunta a que no. Y claramente no es problema de la tecnología (no hay una tecnología solo aplicable en ciudades mayores de 400.000 habitantes, por ejemplo) sino, cuando menos, de recursos económicos y economías de escala, de problemáticas y de realidad. Como alternativa hemos acuñado otros conceptos como el de “Smart Region” o “Smart Territory”. Pero incluso estos tienen necesariamente otro contenido diferente porque… ¿quién es el actor responsable de poner en marcha una “Smart Region”? ¿Desde qué competencias? ¿Con qué contenidos? ¿Sobre una realidad de comarcas, pueblos y ciudadanía cómo de homogénea o diversa? Por suerte, el concepto Smart es posible segmentarlo en diferentes ámbitos. Desde hace años son varias las clasificaciones que diversas fuentes realizan, y a efectos del presente artículo consideraremos válida la planteada en 2007 a nivel europeo:

  • Smart Environment, referido al medioambiente, sostenibilidad y eficiencia energética.
  • Smart Mobility, referido al transporte y la movilidad.
  • Smart Gobernance, referido a la e-Administración, Gobierno Abierto, etc.
  • Smart Economy, referido a la innovación, el emprendimiento, la productividad.
  • Smart People, referido a la sociedad, la integración, la resiliencia y la educación.
  • Smart Living, referido a la calidad de vida, la cultura, la salud, la seguridad, etc.

 

Esta segmentación puede servir para tranquilizar a muchos gobernantes y responsables públicos de nuestras ciudades y regiones. Quien más quien menos puede considerarse “Smart” porque cuenta con sistemas de iluminación led y sensores; o transporte público a gas o eléctrico; o sistemas de calefacción y refrigeración de edificios públicos eficientes; o programas de ayuda para el emprendimiento; o servicios online; o datos abiertos en la web de la Administración; o actividad cultural en la ciudad y las calles limpias y seguras. Pero, ¿realmente estamos hablando de esto? ¿Son estas las posibilidades de la tecnología a las que nos referimos? ¿Es esto “solo” convertir la información en una herramienta de gestión? Claramente no.

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